martes, 11 de septiembre de 2007

Los Palavecino, Pioneros Salteños en el Oeste del Territorio Nacional del Chaco



Los criollos se dedican principalmente a la ganadería extensiva. Crían a los animales en el medio del monte donde tienen sus puestos con lo necesario para vivir por varios meses. Son muy buenos jinetes y en su vestimenta se destacan los gurdamontes (cuero que utilizan para proteger su cuerpo y el pecho del caballo de las espinas).
Estos criollos, cuyos antepasados arribaron al Oeste de Formosa y Chaco, procedentes de Santiago del Estero y de Salta, por desidiia y olvido de los sucesivos gobiernos, vieron marchitarse sus denodados esfuerzos por supervivir en territorios hostiles. No solamente los nativos sino el clima, la falta de caminos, de servicios de todo tipo, las largas distancias a centros poblados..., sin contar la ausencia absoluta de políticas gubernamentales, frustraron sus iniciativas.
Es una rica cultura que allí agoniza, que se debate entre innumerables dificultades, conservando aún usos y costumbres que llevaron sus mayores.
Esta foto es actual, de Nueva Pompeya.






Una vinculación con el Chaco casi centenaria (Publicada en el diario El Territorio, del 23 de febrero de 1986)


La familia Palavecino tiene una vinculación con el Chaco casi centenaria. Veamos: En el año 1899 llegaron a la extensa e inhóspita región del Oeste Chaqueño, conocida con el nombre de "El Impenetrable" o "El Desierto", religiosos venidos desde la Provincia de Salta que tenían la intención de atraer a los aborígenes del Chaco, que por entonces vagaban libremente por esta región.Y allá, a más de 500 km al NorOeste de la capital del Chaco -Resistencia-, el 1º de octubre de ese mismo año comenzó a funcionar una pequeña capilla dirigida por los misioneros, conocida con el nombre de Misión Nueva Pompeya, y bajo la responsabilidad del padre Bernabé Tambolleo.
Y allí quedó registrada la Partida Nº 2 de Nueva Pompeya, que dice así:
"En capilla San Antonio del Despunte, Departamento de Rivadavia, a día seis del mes de diciembre del año del Señor de mil ochocientos noventa y nueve, el padre misionero Fr. Bernabé Tambolleo O.M. bautizo bajo condición, puse óleo y crisma a un párvulo nacido el día dieciseis del mes de mayo del año del Señor de mil ochocientos noventa y siete a quien puso por nombre Rolendio, hijo legítimo de Rafael Palavecino y de Damiana Argañaráz vecinos del "Castigado", departamento de Caá Guazú; fue padrino Cayetano Argañaráz, vecino del mismo lugar a quien instruí del parentesco espiritual y demás obligaciones que como tal contraía y para que conste lo firmo, F. Bernabé Tambolleo".
Respecto a este registro, en el año 1984, quien esto escribe recibió una sorpresiva carta que reproducimos de seguido; dice así:
"Villa María, 27 de julio de 1984.
Al señor Carlos P. López Piacentini -3500- Resistencia (Chaco).
De mi mayor consideración: Con agradable sorpresa leí en el Tomo 2 de sus interesante libros "Historia de la Provincia del Chaco", Pág. 119, - "Bautismo en el Desierto verde" -, lo que a continuación resumo:
"Fue bautizado por el R.P. B. Tambolleo un párvulo a quien se le impuso el nombre de Rolendio, hijo legítimo de Rafael y Damiana Argañaráz, siendo padrino don Cayetano Argañaráz a quien se le impuso...etc".
Es mi proósito señor manifestarle que conozco toda la trayectoria de aquel párvulo que fuera bautizado ern la Capilla San Antonio del Despunte; hsta su muerte, ocurrida en Presidencia Roque Sáenz Peña el 19 de enero de 1978.
Sé de su llegada al Chaco en 1912, sé de sus luchas, sus anhelos, sus éxitos, sus frustraciones; como así también la de sus padres y varios familiares que vinieron y poblaron por vez primera el Chaco. Lo hicieron -y esto no es una figura retórica- a punta de cuchillo a los auténticos dueños de esos lugares.
Toda la historia la conozco por reseña oral y por la curiosidad que en mí despertó esa hazaña. Habían venido solos, por medios propios, nadie les dio una mano, salvo la invitación que la gobernación del Chaco había formulado.
Después el olvido, olvido que añun continúa. Hoy es posible ver que algunos pocos que quedan de esa patriada y sus descendientes, aquellos que vinieron de Salta, están cada día más pobres y olvidados.
Algunos de ricos ganaderos, hoy, han pasado a ser mano de obra en la cosecha de algodón. ¡Que ironía del destino! ¡pobres y olvidados! Estoy persuadido, señor, que esta gente, hizo patria a su manera, enla única que conocían.
Digo,señor que creo conocer algo de aquellos sucesos porque el que suscribe es uno de los seis hijos de don Rolendio Palavecino, don Rolendio amó entrañablemente el lugar donde después vivió toda su vida chaqueña y mantuvo, hasta sus últimos días el orgullo de ser salteño no solamente en espíritu sino también en costumbres y hábitos.
Por parecer impropio y porque mis padres no me perdonarían no deseo pedir homenajes a ellos -que sobradamente se lo merecen- pero sí señor, sería justicia recordar alguna vez a éstos "pioneros olvidados".
Sin otro particular, aprovecho la oportunidad para saludarlo con distinguida consideración y respeto.
Firma: Ing. D. Palavecino-DNI 7.418.873-Madrid 281-Barrio Santa Ana-Villa María-Córdoba

Este Blog es un "HOMENAJE" a los "Pioneros" que llevaron adelante una verdadera epopeya, que se agiganta cuando sabemos que nunca fueron apoyados, menos sostenidos, para llevar adelante su empresa. Ellos contribuyeron -ya lo hemos dicho- a proyectar a Formosa como una productora ganadera sustantiva.

Lo mismo podemos decir del Chaco. Ambas corrientes tienen un origen común y han debido superar peripecias semejantes.

A todos los que proceden de estas vertientes, nuestro afectuoso saludo y les anticipamos que pronto entregaremos otras notas sobre los "Palavecino".

























domingo, 9 de septiembre de 2007

Campañas Militares de Bosch y Obligado

ANTECEDENTES RELATIVOS A LAS EXPEDICIONES DE BOSCH y OBLIGADO

En 1880 la línea militar del Chaco se reducía a dos corrida de fortines paralelas y perpendiculares al río Paraná, situada una dentro del territorio santafecino y la otra en su límite norte, prolongadas hacia Santiago del Estero hasta tomar el río Salado (estas líneas habían sido planeadas en el año 1858); pero las colonias y obrajes, es decir, la zona poblada y rica, estaba situada sobre los ríos Paraná y paraguay, careciendo por ello de protección contra los indios, para obviar este peligro se situó a un batallón en Formosa y otro en Resistencia, ambos del regimiento 5 de infantería, y se reforzó Reconquista, también con infantería.
Con el pròpósito de explorar el interior del territorio del Chaco para situar nuevos destacamentos militares que protegieran las colonias y obrajes se dispuso la salida de dos expediciones simultáneas, en 1883, al mando de los coroneles Francisco Bosch (Gobernador de El Chaco) yManuel Obligado, jefe de la línea de frontera del Chaco austral en el norte de Santa Fé. La empresa a cargo de Bosch se realizaría con el regimiento 6 de infantería, recién creado (batallones 9 y 11 refundidos), tomando hacia el oeste de Resistencia en dos columnas, la de la derecha seguiría al oeste, y la izquierda hasta encontrar las fuerzas de Obligado, en proximidades del límite norte de Santa Fé. La expedición Obligado saldría en dos columnas, una de Resistencia y otra de Chilcas. Ambas expediciones debían tratar de someter a los indios, pero si se resistían los batirían.
Es de observar que tratándose de operaciones simultáneas y con objetivos iguales en un frente general no se haya designado un jefe común para ambas expediciones.

Campaña de Bosch
Con su regimiento y una comisión científica, llevando 320 hombres, 155 caballos (aumentados en la marcha con 365), 148 mulas y un arreo de hacienda para sesenta días, Bosch partía el 16 de abril de 1883. Antes, a principios de mes, había destacado hacia el sur al comandante Dionisio Alvarez con una compañía de cazadores, para batir al cacique Petizo -que incomodaba a las colonias del sur del Chaco- desembarcando aquel en colonia Ocampo (Santa Fé).

Napalpí.- En su avance al oeste Bosch combatió el 20 en Mala Mahué, rechazando a indios que no se sometieron; persiguiendo después al famoso cacique toba Juanelrai (el inglés), que huía con el ganado mayor y menor que poseía, pudo por fin obtener que éste se detuviera el 5 de mayo en Napalpí (después Racedo, 170 km al NO de Resistencia), y aceptara la lucha. Los indios estaban armados de fusiles, muchos de chispa y otros de precisión, aunque la mayoría todavía con arcos y flechas, no obstante lo cual el combate conducido por el propio coronel, con fuego a distancia, produjo la retirada de los salvajes, que dejaron un importante rebaño de vacunos, cabríos y lanares (800 animales), sin ninguna pérdida de Bosch. Siguió en seguida la expedición hacia el sur para tomar contacto con la columna Obligado en Pinaltá (Viruela); el 9 de mayo rechazó a otro cacique toba en el bosque al sur de Guayaibí; el 11 cambió el rumbo al sodoeste llegando a Pinaltá (noroeste de Ombú), punto también fijado para reunirse a la compañía Alvarez. Allí demoró hasta el 15; mientras patrullas exploraban y buscaban contacto con los jefes citados; de Alvarez se supo que había regresado de vuelta al río paraná; de Obligado no hubo noticias; este ya había partido de allí el 21 de abril.
Aquel día se prosiguió la marcha, ya de vuelta; desde el 17 el regimiento lo hizo a pie, por las grandes bajas sufridas en el ganado de uso militar, debidas a las marchas realizadas a través de campos anegados por las lluvias, y se quemaron los objetos menos necesarios a fin de aligerar a las tropas en una marcha que debía ser forzada, a fin de evitar el aumento de nivel de las aguas en esos terrenos impermeables con la prosecución de las lluvias. El 22 pasó el río Tapenagá, y, luego de salvar los siguientes arroyos, el 28 de mayo, después de 42 días, estaba de regreso en Resistencia. había hecho un itinerario en que se encerraban 200 leguas de territorio, perdiendo 624 animales de uso militar, debido a las marchas por la selva, en partes impenetrables y por las aguas estancadas en esas tierras bajas. Bosch informaba que los indios tenían "excelente puntería", obtenida en su práctica de la caza, y que sus armas habían sido logradas a cambio de plumas, pieles, tejidos, etc. entregados a los comerciantes de orillas del Paraná.

Campaña de Obligado.- Con 100 hombres de los regimientos 6 y 12 de caballería, tomados por mitad, con una mula de repuesto por plaza, y hacienda de consumo, etc., para dos meses, Obligado partía el 10 de abril de Reconquista. En tal oportunidad ordenó al teniente coronel José M. Uriburu, que llevando 150 hombres de su regimiento, el 12 de caballería, partiera de Chilcas (100 km. al oeste de Reconquista), hacia el norte, hasta Tacurú (límite con el Chaco), lugar que sería base de sus operaciones; dispuso también que el teniente coronel José M. Ferreyra saliera del sector de frontera a su cargo, desde Fortín Inca (30 km. al oeste de Tostado) hacia el noroeste, para reconocer el territorio de las márgenes del Salado, Por su parte, el coronel mismo, marchando primero al noroeste y luego al norte por entre bañados, llegaba el 16 de abril al campo del Ombú, desde donde trató de tomar contacto con Bosch; el 17 llegó a Pinaltá, donde debía reunirse con aquel, según lo covenido; esperó allí cuatro días y como no tuviera noticias -pues Bosch venía muy retrasado-, el 21 siguió la marcha hacia el noroeste para ponerse a la altura de la columna de Uriburu, llegando a las lagunas de la Encrucijada el 23. Su propósito era situarse al flanco de Uriburu para encerrar a los indios mocovíes entre los tobas -sus enemigos- al norte, los campos impenetrables del Salado al oeste, la tropa de Uriburu al sur y la suya al este. desde Encrucijada destacó, como Uriburu de Tacurú -punto alcanzado por este el 21-, numerosas y sucesivas patrullas de efectivos no superiores a 50 hombres, hacia distintas direcciones, para reducir a los indios o batirlos, si se mostraban rebeldes. Esto fue lo general, por lo cual se produjeron numerosos pequeños combates, en que los indios, a pesar de su manifiesta superioridad numérica y de contar con armas de fuego modernas, fueron siempre derrotados, con bajas, y pérdidas de ganado mayor y menor, debiendo dispersarse. Luego de esto, Obligado baja al sur, llegando a Tacurú el 22; de aquí salen de regreso, el 26, Uriburu, y Obligado, el 1º de junio, a su pesar, por el estado de las cabalgaduras y lo avanzado de la estación de las lluvias, llegando a Reconquista el 16. En su campaña estas tropas marcharon muchas semanas por esteros y cañadones anegados, y en unos 400 km con las cabalgaduras de tiro, para conservarlas. La columna Ferreyra marchó primero al nor-noroeste y luego al oeste llegando a Añatuya.
Obligado informaba que los territorios recorridos en el centro del Chaco austral, por la falta de declive y desagùes y la tierra gredosalitroa, no se presentaban para la agricultura, salvo pequeñas zonas, y que quedaban incomunicados en épocas de lluvias; expresaba que tampoco se prestaban para establecer una línea de fortines de norte a sur perpendiculares al río bermejo.
En estas campañas simultáneas, las operaciones se realizaron en un frente que al partir fue de unos 400 km., para las cinco columnas, y que se fue cerrando hasta comprender sólo 130 km. -de Toro a Tacurú- para las cuatro columnas de la derecha, siendo mucho mayor el de las fracciones adelantadas.
Consecuencias.- Como reesultado de estas operaciones, si bien el territorio había sido reconocido y estudiado -lo último por la comisión científica- y los indios perseguidos, batidos y privados de recursos, éstos en su mayoría quedaron en el norte protegidos en los bosques.

De "Historia de las Guerras Argentinas" (tomo II) de Félix best, Graficsur S.R.L. . Pcia de Buenos Aires - 1983.



sábado, 18 de agosto de 2007

1869 - Frontera sobre el Bermejo

Transcribimos una breve nota que expone sintéticamente, la situación en el Chaco Salteño. En Orán y Rivadavia tenían asiento sendos contingentes militares que buscaban afanosamente y con grandes difcultades y penurias ecónómicas el ensanchamiento de las fronteras interiores.
En próximas entregas continuaremos con esta relación.

Secretaría General del Gobierno
de la Provincia de Salta, abril 1º de 1869

Al Señor Teniente Coronel Dn Julio Roca, Gefe de las fronteras sobre el Bermejo

He recibido encargo del Excmo Sor Gobernador, para poner en manos de U.S.las tres notas que en copia autorizada le adjunto, de la primera autoridad Política y Militar del distrito y ciudad de Orán, anunciando una próxima invasión de los indios Tovas de la costa oriental del Pilcomayo.

Igualmente acompaño en copia legal el Decreto que el Gobierno, de acuerdo con U.S. ha creido deber dictar para garantir la vida y la propiedad de los vecinos del bermejo, amenazados por la denunciada invasión.

Dios guarde a U.S.

Firmado: David Saravia

Nota: El 11 de abril de 1870, un año después de la fecha de la nota transcripta, el hacedor de la Organización Nacional, el iniciador de la pacificación interior, el General Justo José de Urquiza, muere asesinado en su propia casa en San José (Entre Ríos). Como veremos en futuras entregas, orientó al Gobernador Taboada de Santiago del Estero en la ocupación pacífica y productiva del norte de esa provincia, además de la política general, que con enormes dificultades llevó adelante.

Casualmente el General Julio Roca, tucumano de origen, estudio y se recibió como Subteniente de Artillería en el Colegio del Uruguay, con asiento en Concepción del Uruguay y después del Campaña del Desierto al sur del país, fue elegido Presidente de la Nación Argentina.



jueves, 16 de agosto de 2007

Campañas Preparatorias (Chaco central y Austral) hasta la Campaña de Rostago -1911


Causas.- El Gobierno Nacional estaba empeñado en suprimir también en el norte del país la frontera interior para llevar su dominio al límite internacional, siendo la ocupación del Chaco preocupación constante; y ya en 1881 se planeaba explorar ese territorio y en 1883 se proseguía en ello para conocerlo bien, a fin de poder preparar expediciones importantes para la conquista del los territorios del Chaco central y sur, y complementar la seguridad de las colonias existentes y las que se hallaban en vías de formación.

Según se desprende, esto se realizaba cuando el ejército emprendió la campaña del Río Negro con las subsiguientes de Villegas (1881 a 1883) en los territorios de Neuquén y Río Negro, es decir, actividades simultáneas en las dos fronteras con los indios.


Campaña de Solá.- El 20 de mayo de 1881 el comandante Juan Solá empezó una expedición de reconocimiento del territorio y de las indiadas desde el importante fuerte de Dragones (Salta, a 100 Km al este de Orán), avanzando de paso los fortines y llegando hasta Formosa, por el Chaco, el 13 de septiembre del mismo año. Dicho jefe partió con sólo unos 70 hombres de un escuadrón movilizado, víveres para un mes, inclusive ganado en pié, 200 mazos de tabaco y algunas chucherías para los indios; su marcha se hizo por el centro de la zona comprendida entre los ríos Pilcomayo y Bermejo (Chaco central), en gran parte por el norte del Teuco, llegando a destino después de 115 días de marcha y de soportar grandes penalidades y aun hambre, éstu último porque los abastecimientos de la salida eran para solo 30 días y la expedición duró tres veces más. Los indios, sin embargo, no habían constituido ningún obstáculo en la travesía, por el contrario, sirvieron de guía en las dos terceras partes del recorrido, no así en la última, en que sus habitantes, los tobas, habían huido abandonando sus tolderías, lo que hizo que la columna extraviara el rumbo, alargara grandemente su recorrido y llegara apié y descalza, aparte de hambrienta, a las proximidades del río Paraguay, como 50 kilómetros aguas abajo del pueblo de Formosa, donde pudo orientarse. Desde allí fue transportada a Formosa por vía fluvial, dado el estado de los hombres y animales. El presidente Roca, creyendo la expedición perdida, había ordenado al gobernador, Coronel Bosch, destacase una comisión de 100 hombres en la búsqueda. En Buenos Aires, Solá, ya coronel, entregaba el cróquis y memoria descriptiva de la expedición.
Bibligrafía: " Historia de las Guerras Argentinas" - T. II, de Félix Best - Graficsur SRL - 1983.






domingo, 12 de agosto de 2007

Yerra.


Todos los presente pasaron al corral, y comenzó el aparte en medio de una alegría delirante y al compás de gritos, interjecciones y carcajadas.
Unos a caballo y otros a pié, separaban reses, de un corral a otro, dejando solamente los terneros que debían ser marcados.
Todo el ganado fue apartado: al “manso” hizósele salir puerta afuera hacia el campo, y al arisco, que debía ser trasladado, pasábaselo a un potrero.
Terminado el aparte, comenzó la yerra. Una fila de pialadores esperaban en orden, colocados de distancia en distancia, hasta que desfilaba la ternerada, y entonces los lazos volaban y se ceñían a las patas delanteras, certeramente, haciendo caer patas arriba a los guaschitos del patrón. Apenas caían en tierra los terneros, eran maneados y marcados, con las marcas candentes que echaban chispas dejando esa señal indeleble a los pobres animales “cuyos destinos es –según la frase poética de Castellanos,- ir al matadero…o a tirar del arado en la opresión…”
El polvo que levantaban los hombres y las bestias; el humo de los fogones y ese olor acre de las pieles quemadas; los quejidos tristes de las pobres terneras; la gritería infernal de los alegres paisanos y las vueltas de yerbeaos, con que de cuando en cuando se premiaban los buenos piales, daba a aquella fiesta singular, un aspecto algo salvaje es cierto, pero, al mismo tiempo, llevaba impreso el sello especial de su característica originalidad…
Al ocultarse el sol por completo en el ocaso, y al extender la noche su manto negro y renebroso, sobre aquellas soledades infinitas del misterio y la superstición, recién nuestros buenos criollos suspendieron la faena, y con sus rostros desconocidos por el sudor y el polvo del corral, regresaron unos a la casa, y otros a guarecerse debajo de los árboles que tenían elegidos con tiempo y que gráficamente denominan ellos: el real.
Y esos hombres admirables, que parecía estaban forjados en duro hierro, continuaron divirtiéndose toda la noche, bailando unos al son de las guitarras y acordeones, y cantando otros acompañados con la caja de sonido pesado y monótono, a cuyo compás modulan sus tristes nuestros gauchos en canciones bastante originales no desprovistas a veces, de intención y picardía…

Fragmento extraído de "David Blanco - El Gaucho del Norte" (Leyendas Históricas Rivadavienses). Estas faenas, la yerra, las hemos visto en el Oeste de Formosa.

En la fotografía, escena típica de una "yerra", en la zona de Las Lomitas, en la década de 1940.













jueves, 9 de agosto de 2007

"Corredores" en el monte

" El invierno había pasado, y la naturaleza comenzaba a revestirse con todas sus galas.
Los chañarales floridos amarillaban a lo lejos, esparciendo en torno suyo, el suave aroma de sus flores.
Las charatas bulliciosas preparaban sus nidos para depositar en ellos el fruto de sus amores, cuando comenzara a madurar el chañar, es decir la fruta que da el árbol del mismo nombre.
Los pájaros cantores ensayaban sus mejores arpegios, en ese teatro colosal que tiene por marco una selva agreste y grandiosa, y por escenario, el vasto campo pastoso de horizontes ilimitados.
Aquí y allá, un padrillo relinchaba y un toro mujía , y cantidad de avestruces tranquilamente pastaban, cuando de golpe, estos últimos, irguieron sus largos cuellos, miraron en derredor, y graznó impaciente el macho.
Es que rumores confusos de voces lejanas, el viento traía, como si ladraran los perros y balaran terneros, que apenas se oían; luego resonó claramente ese grito peculiar, inconfundible y sonoro, que solo los gauchos dan.
Y esa voz tan conocida, era la voz de David, quien hacía ya varios días reunía en compañía de otros peones los ganados alzados de su padrino, para marcar la orejanada y trasladar después todo a los puestos nuevos recién formados por el señor Blanco en la banda Oriental del Bermejo, ó banda grande conforme se decía para abreviar.
Todos los peones eran buenos corredores en el monte, pero David, era, según opinión de la mayoría, el mejor. Ese día lo probó, una vez mas, pillando de la pata, en lo mas espeso de la selva, el novillo mas arisco conocido con el apodo de el “pasador”.
Reunidos los compañeros de David en el punto donde éste aprisionó al animal, comenzaron los comentarios de costumbres, mientras el novillo enfurecido bramaba de coraje y de dolor, pues los perros (a pesar de los retos y también de los garrotazos recibidos con todo estoicismo), de cuando le tiraban algún tarazcón, que hacía brotar la sangre tibia y roja de su cuerpo estremecido.
El novillo quedó amarrado de los cuernos en un árbol delgado que al efecto fue compuesto a cuchillo, y en seguida David y sus compañeros, regresaron a la casa satisfechos de los bien que emplearon el día, pues, casi todos habían pillado un bagual, y aquel que no pilló ninguno, ayudó siquiera a su compañero a atar otro.
Una brisa pura y fresca esparcía en torno al suave aroma de las silvestres flores, anunciando que los rayos solares no caldearían demasiado, y prometiendo, por decirlo así, una temperatura envidiable y necesaria si se quiere, para esta clase de trabajos y diversiones.
La casa del señor Blanco veíase sumamente concurrida por las numerosas relaciones que tanto él como su respetable familia tenían, y así por todas partes veíase grupos animados de paisanos, que conversaban, reían y mateaban tranquilamente esperando la hora del aparte.
Los corrales estaban llenos de ganados, y el viejo criollo, ño Cipriano, gaucho ladino y de mentas, aseguraba que había fiesta para tres días.
En esto apareció David, jinete en un hermoso alazán, que trotaba pausadamente, resoplando altanero, y enarcando orgulloso el cuello; mientras escuchábase aquel sonido peculiar que tiene también para el gaucho, rítmicos acentos: ese tilín característico que produce la rodaja de la espuela al mas leve movimiento del animal.
En su persona y en su ensillado, lucían ese día sus mejores prendas; el sombrero blanco de lana, con el ala levantada por delante; el guarda calzón de becerro, especie de delantal, abierto en el medio, que va sujeto a la cintura y que sirve, conforme su nombre lo indica, para resguardar los calzones, o el chiripá; el tradicional guardamonte, que va colocado en la cabeza delantera del apero, y que sirve para salvar los golpes de las rodillas; el coleto de cuero bien sobado, especie de saco que a manera de coraza cubre el cuerpo del corredor, salvándole de golpes y empinaduras, y que, fuera del monte, sirve como prenda de adorno, pues, bien doblado y colocado sobre el ensillado a la parte posterior, caen sus puntas a ambos costados con toda simetría; y, además del lazo común, el lazo patero, mas corto que va colocado a un costado del ensillado, al alcance de la mano del jinete y con el cual aprisiona a toda carrera, en plena selva, el animal que se persigue.
Esa es en verdad la mayor hazaña de nuestro gaucho, que no podrán todos valorar, porque para comprender bien estas cosas, hay que sentirlas o hacerlas ¡hay que ser gaucho!
(decimos: ¡hay que ser “chaqueño”!)
Lanzarse a toda carrera en la selva (diríamos, el monte) enmarañada y espesa, cubierta de fuertes espinas, teniendo que abrir grande los ojos, y evitar con maestría insuperable los golpes mortales a que se expone el corredor, a cada pisada del caballo convertido aquel en un verdadero acróbata, cuyo cuerpo vá recostado hacia el costado izquierdo como hacia el derecho del animal, en un movimiento simultáneo y contínuo, es algo que asombra, que admira, que deja estupefacto al profano.
Pero hay al mismo tiempo, algo más curioso aún, y es la admiración, el respeto profundo, que los gauchos sienten por el buen corredor.
Ser buen corredor, significa entre ellos algo así, como hacer milagros y todos decían que David los hacía, pues que, indudablemente, el hombre tenía arte…y tener arte, según los mismos, esestar bien, no con Dios, sino con el diablo…
Magnífica era en verdad la postura de aquel noble gaucho, que al llegar saludó cortés a la concurrencia, recibiendo de todos el cordial y cariñoso saludo.
Después de apearse, fue hacia el señor Blanco, y con respetuosa atención, y con el sombrero en la mano, le comunicó que todo estaba listo para comenzar la faena."

Fragmento delCapítulo IV, del libro David Blanco - El Gaucho del Norte (Leyendas Históricas Rivadavienses), de J. José Oliva, publicado en 1923.
La fotocopia que que obra en nuestro poder tiene -en el encabezamiento- la siguiente dedicatoria:
"A mi esposa querida Amelia Simona Saravia de Oliva y a mis hijos adorados les dedico este recuerdo. Consérvenlo. (Salta) Rivadavia, Noviembre 20 de 1923. Firma J. José Oliva"

Qué conocedor o amante de los usos y costumbres criollas, no ha visto un "chaqueño corredor" en el Centro y Oeste de Formosa. Nosotros hemos tenido la fortuna, el privilegio, de haber observado, en nuestra niñéz,a estos "corredores" en plena faena y, al fin de la jornada, regresar al hogar con el rostro cruzado por la marca de algunas espinas...






domingo, 5 de agosto de 2007

Haciendo rayar el suelo con los garrones...

"...el domingo por la tarde comenzó la verdadera fiesta. Hombres y mujeres, luciendo trajes nuevos, ponchos, mantas de vicuña, cintas y pañuelos de seda, verdes, rojos o azules y montando los fletes más gordos y de mejor estampa, enaperados con las prendas de más valor, en que la plata y las caronas de tigre se apreciaban por su costo, y los lazos, maneas, lonjas y riendas por el buen gusto y habilidad de sus diseños, toda esa gente dispuesta a divertirse, se congregó en los sitios donde se vendía licor o en las proximidades de la cancha de carreras.
Los jinetes galopaban de un boliche a otro, cantando al son de las cajas o apiñándose junto a los guardapatios, donde hombres y mujeres, para demostrar la maestría y fuerza de sus caballos se metían como cuñas en medio de la multitud que trataba de impedirles el paso. Algunas mujeres se apartaban solas, galopaban un trecho para tomar campo y luego volvían grupas a todo escape, inclinadas en el pescuezo del caballo, ahogando una canción en la violencia de la carrera, llegaban como una tromba a pocos pasos de la multitud y cuando el choque parecía inevitable, sujetaban al bruto, haciéndole rayar el suelo con los garrones, y ahí quedaba quieto, la boca llena de espuma, humeantes las narices. Y entonces las amazonas lanzaban un grito de triunfo o desafío¨
- ¡Jí, Jí, Jí, Jíí!..."

El fragmento trae a la memoria éste recuerdo, ésta imagen en su casa de Juan G. Bazán (Formosa). Montada en un zaino oscuro, caballito criollo, grácil, elegante y proporcionado, doña Juana Valladares lucía su natural galanura criolla. Sostenía las riendas con delicada firmeza ,haciendo mover el animal a izquierda, a derecha y de pronto lo detenía hasta casi inmovilizarlo y con imperceptible movimiento nuevamente lo azuzaba para cobrar plena carrera y sujetarlo repentínamente, casi encima de la gente...Después, bajaba del caballo, tomaba la "caja" y entonaba unas coplas que todos acompañaban con alegría.

Este fragmento del capítulo La Fiesta, del libro Los Dos Nidos, de Federico Gauffin, describe vívidamente las costumbres de los "chaqueños". Esos mismos que poblaron el Oeste de Formosa.
Federico Gauffin es el autor del libro En Tierras de Magú Pelá y Alma Perdida, además del citado en el párrafo anterior, habiendo captado con toda fidelidad el carácter, costumbres y valores típicos de aquellos criollos que son nada mas ni nada menos nuestros mayores y quienes han marcado una impronta, que debemos rescatar, preservar y difundir.



miércoles, 1 de agosto de 2007

UNA NOTABLE TRAVESÍA

“Hemos hecho 300 leguas en 95 días, sin descansar y sin desmayar, luchando con la naturaleza, a muchas leguas de los centros poblados…” Así recordaba Domingo Astrada la travesía, iniciada el 17 de junio hasta el 21 de septiembre de 1903, cuando informaba a las autoridades gubernamentales , agregando:
“Va la lista de estos oscuros pero abnegados expedicionarios, primeros hombres que han cruzado toda la región del Pilcomayo y sus grandes esteros, desde Bolivia hasta la desembocadura de este río en las aguas del Paraguay:
Don Bartolomé Orquera, catamarqueño, 62 años, hacendado, soltero (*); Sandalio Moyano, cordobés, 53 años, agricultor, soltero; Eliseo Centeno (mi 2do, dice Astrada), 36 años, hacendado, casado; Manuel A. Cejas (Ayudante), santiagueño, 28 años, comerciante, casado; Petronilo Chavez, tucumano, 52 años, hacendado, casado; Félix Ceballos Mendoza, cordobés, 40 años, agricultor, casado; Experidión Palomo, santiagueño, 44 años, hacendado, casado; Eusebio Rojas, salteño,36 años, hacendado, casado; Manuel A. Anaquín, santiagueño, 46 años, hacendado, casado; Absalón Palomo, santiagueño, 47 años, hacendado, casado; Manuel Ruíz, salteño, 25 años, comerciante, soltero; Ciro Aparicio, salteño, 30 años, hacendado, soltero; Timoteo Páez, santiagueño, 32 años, soltero; José S. Acevedo, santiagueño, 34 años, hacendado, casado; Dámaso Conchas, salteño, 22 años, hacendado, soltero; Federico Madrid, salteño, 21 años, hacendado, soltero; Segundo Herrera, salteño, 26 años, hacendado, soltero; Agustín Pinto, catamarqueño, 50 años, agricultor, soltero; Gil Paz, salteño, 23 años, hacendado, soltero; Manuel Luna, santiagueño, 24 años, hacendado, soltero; Salvador Acevedo, santiagueño, 30 años, agricultor, casado; Juan Soraide, santiagueño, 27 años, agricultor, soltero; Eusebio Quintana, santiagueño, 32 años, baquiano (dixit), casado; León A. Galván,31 años, baquiano, casado; Pedro Argañaráz, santiagueño, 45 años, agricultor, soltero; Francisco Ceballos, tucumano 36 años (único sobreviviente de la expedición Crévaux), casado¸A, Bacaflor, salteño, 19 años, agricultor, soltero; Juan Morales, salteño, 41 años, jornalero, soltero; Leandro Palomo, santiagueño, 55 años, agricultor, casado; Javier Fernández, salteño, 25 años, cocinero, soltero; José María Rojas, salteño, 27 años, lenguaraz, soltero; Cruz Rojas, salteño, 11 años, mi lenguaraz privado; Agustín Chavez, 14 años y Diego Torres, salteño, 12 años.
Don Gastón Etchegaray, ayudante, 30 años, casado, cordobés; el señor Jefe Técnico Otto Asp, 42 años, casado, sueco; su ayudante don Manuel Fromel, 22 años, soltero, oriental, y el que suscribe estos apuntes”

En Suri Pintao


En Suri Pintao
Me despertó la bulla de los expedicionarios, afanados en encender el fuego, preparar su desayuno de mate y acomodar los ensillados en que habían dormido.
Reconocí a varios santiagueños por la tonada y por las frases salpicadas de palabras quichuas. Me acerqué a uno de los fogones, y amablemente me ofrecieron asiento en un jergón y me invitaron a matear.
Nadie preguntó por mi nombre ni el objeto de mi viaje. Ley natural de cortesía es no hacer preguntas a quien se brinda hospitalidad. Hablaban jovialmente de vacas, de corridas, de topadas con los indios y de la expedición que los llevaría a tierras desconocidas. Aludían a los inevitables peligros de la aventura, pero sin darles importancia, riendo de la probabilidad de dejar los huesos en el desierto. Demostraban gran respeto por el jefe, Jesús Lugones, y comentaban con ironía las extravagancias de don Otto, el ingeniero, a quien le habían demostrado que en la práctica vale mas el instinto seguro del criollo, que todas las brújulas y aparatos científicos.
-El otro día –dijo uno- el gringo pasó tuita la tarde en el monte, buscando con sus herramientas la dirección de las casas, y aunque se oía el “torido” (ladrido) de los perros, porfiaba pa otro lao, porque la brújula le marcaba otro rumbo; y si no lo saco medio a la juerza, se hubiera hecho piazos en los chaguarales.
Los expedicionarios eran cuarenta, en su mayoría vecinos de Rivadavia, departamento salteño, y se proponían revisar las costas del Pilcomayo, para trasladar sus haciendas, siempre que hallasen buenos pastos y los indios no les opusieron mayor resistencia. Aceptaron la dirección de Jesús Lugones, porque éste les había prometido gestionar ante el gobierno la concesión de los campos que ocupasen con sus ganados.
Pronto se acercó al grupo un hombre que, por su tonada cordobesa, su traje de montar y por el respetuoso saludo con que lo recibieron los chaqueños , no podía ser sino el jefe. Jesús Lugones tenía buena figura y aire resuelto. Al notar mi presencia, me saludó amablemente, interesándose por saber el objeto de mi viaje; pero advirtiendo que yo ponía reparos en hablar en presencia de gente desconocida, dijo:
-No es necesario que nos cuente nada, y si quiere hacerlo, no faltará oportunidad. Me admira hallar en éstos lugares un muchacho joven y de aspecto diferente al de mis compañeros de viaje- Y dirigiéndose a los chaqueños-; Ya está la picada y conviene salir pronto; hay que economizar provisiones. La estación está avanzada y las lluvias pueden ser un peligro mayor que el de los indios, pues los esteros, si llueve mucho, serán el más grave obstáculo para el viaje, ya que solo los conocemos por relatos de los nativos, que me inspiran poca confianza. Además, ustedes conocen mi empeño por saber algo del explorador Ibarreta y averiguar su paradero, si vive.
-A causa de esas diligencias ¿no demoraremos más de lo debido?-preguntó el gaucho.
Lugones, molesto por la observación, respondió:
-Uno de mis propósitos es saber algo de Ibarreta, el explorador perdido hace algunos años, puesto que nadie, hasta hoy, ha demostrado su muerte. Siempre queda la esperanza de encontrarlo vivo y ello compensaría cualquier sacrificio. Aquí todos somos voluntarios y el que no esté conforme que se vuelva; pwero mientras andemos juntos, tengan presente que la disciplina es indispensable. Caminaremos de noche, aprovechando la luna, para no reventar los animales con el calor. Haremos corta la primera jornada. Los que van con mulas cargueras saldrán un rato antes, porque ellos andan más despacio; los que acompañan a don Otto, ya saben que no deben dejarlo solo ni un segundo, porque padece de distracciones y puede darnos más de un disgusto…Yo iré atrás de todos, con mi mozo de mano y con este jovencito rubio, si quiere acompañarme.
Asentí con un movimiento de cabeza.
A la hora de almorzar, Lugones me invitó a hacerle compañía en su frugal comida, igual a la de todos, salvo el café, que los chaqueños no toman. No me hizo ninguna pregunta, pero yo le referí mi corta historia y la decepción que me causara la frialdad y egoísmo de Gil, con quien contaba al emprender el viaje.
-Cosas de muchacho-me contestó sonriendo. –Usted, mi amigo, está en la edad de las aventuras descabelladas, lo que no es bueno en estos parajes, donde, ante todo, se necesita reflexión y serenidad. Como a usted no le es posible volverse, acompáñenos siquiera hasta el Pilcomayo, y allá puede quedarse con don Gil o con otros chaqueños, que no seguirán viaje conmigo; pero mientras esté con nosotros no le faltaránada, al menos de lo que yo pueda disponer.
Le agradecí y le dije que nada podía ser mejor para mí, que acompañarlo.
Después de la siesta, principiamos los preparativos. Fueron aparejadas las mulas cargueras, a las que con ponchos se les tapaba la cabeza para que no asustaran a la vista de los grandes fardos que les ponían en los lomos, y que contenían municiones, víveres, algunas carpas, medicamentos, los aparatos centíficos del ingeniero y una variada provisión de objetos indispensables.
Aprontáronse luego los que debían acompañar a don Otto, a quien ví por primera vez a tales horas, aunque sin poderle observar la fisonomía, porque un gran caso blanco le cubría la cabeza y un tul verde le ocultaba el rostro. Especie de fantasma, tan alto como seco, los chaqueños lo hicieron encaramar en la mula y se lo llevaron de tiro.
Mientras los mirábamos partir, hablé a Lugones de mi amigo Argamonte, manifestándole mi aprecio por el buen gaucho, a mi parecer injustamente perseguido por la policía. En ese momento Argamonte, atento como siempre, había ya ensillado su animal y el mío y nos miraba como quien espera órdenes. Lugones lo llamó.
-Vea, amigo, le dijo- por razones que me reservo, sigo de cerca los pasos de ese bendito comisario, azote de todo Rivadavia, y estoy enterado de lo que ocurre. Sé que usted hubo de usar la violencia para evitar las humillaciones o algo peor, que él le preparaba. Desearía contarlo entre mis compañeros de viaje, si tal es su gusto, y siempre que se comprometa a observar disciplina. Así pués, mucho compañerismo y obediencia al jefe, aunque hasta ahora no tuve necesidad de dar órdenes, porque cada uno conoce muy bien sus deberes.
Argamonte, que escuchaba de pie, sombrero en mano, respondió:
-Vea señor, puede contar conmigo, como se lo probaré si se presenta la ocasión. Al comisario le hubiese aguantao todo, hasta un balazo; pero un azote nunca. Al hombre libre se lo hace criminal con una ofensa y esclavo con un apretón de manos.
A lugones pareció gustarle la sentencia del gaucho y le dijo:
Los chaqueños son hombres altivos y por eso me agradan. Estamos de acuerdo, amigo, y saldremos juntos en cuanto se asiente el polvo que levantan los que van adelante.
Mientras llegaba la hora de partir, logré conocer la laguna de Suri Pintao. Medirá unos trescientos metros de largo, por doscientos de ancho. Su profundidad es escasa y en algunos años se agota, teniendo necesidad los vecinos que viven en las orillas, de cavar pozos para obtener el agua que ellos y sus ganados necesitan.
Encontré dos patos picazos –únicos palmípedos que anidan en un árbol- que, en la rama de un algarrobo, estiraban el pescuezo como litigantes discutiendo. Un tiro de mi escopeta terminó para siempre con sus alegatos.
El eco respondió con mil detonaciones que repercutieron en la selva, como si un disparo hubiera sido orden de fuego a discreción dada a un ejército oculto en el monte. Inmediatamente, de toda la extensión de la laguna, se levantaron miles de aves que ensordecían con la estridencia de sus gritos, de tan diversos tonos, como eran sus colores. Los chajáes, centinelas del desierto, levantaban a duras penas su pesado vuelo, para juntarse en enormes bandadas, elevándose hasta parecer unos puntitos negros que se perdían en la altura. Las garzas morenas, blancas, rosadas y azules, colgando en sus flancos el airón de sus plumas valiosas; un torbellino de patos, gansos e infinidad de palmípedos, de variado tono y color, desde el azul tornasolado del picazo, hasta el rojo oscuro del silbador, junto con otras aves para mí desconocidas, se agitaban con descomunal algarabía sobre las aguas brillantes, formando un maravilloso dosel de plumas.
Sentí que me tocaban; era Lugones, que me miraba sonriente. Admirado con la belleza del espectáculo, no lo había sentido.
-Usted parece encantado con el cuadro, ¿no? Pocos prestan atención a éstas cosas.
Regresamos en silencio y en el momento de montar a caballo me preguntó:
¿No acertó el tiro?
Tuve que confesar que me había olvidado de los patos. Los fui a recoger. Ya en marcha, Lugones, como al descuido, observó:
-¿usted es pintor o le gusta hacer versos?-
-Algunas veces “cometo” versos- le respondí
El hombre, sonriendo con un poquito de tristeza, me dijo:
-Me lo imaginaba. Sin criticar su afición, le aseguro que será el peor obstáculo que se le opondrá en la vida. Esta misma aventura en que se ha metido, lo pinta de cuerpo entero.


[1] Hemos extraido este capítulo de la obra (novela) “En tierras de Magú Pelá”, de Federico Gauffin, reedición revisada de la Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños (Ley 3909), de la legislatura de la Provincia de Salta, octubre de 1994.
La edición inicial del autor se realizó en Talleres Rosso, Buenos Aires, 1932. Reediciones posteriores en 1958 del autor, talleres Rómulo D’Uva, y de la Fundación Michel Torino en 1975, ambas en Salta.
Creemos que la descripción de la geografía, del carácter del “chaqueño” y sus costumbres se acercan mucho a lo que conocemos.
La fotografía nos muestra un matrimonio "chaqueño", ambos oriundos de Rivadavia (Salta), de esos que llegaron al Oeste de Formosa con padres y hermanos, con una hija formoseña. Circa fines década del 30.

martes, 31 de julio de 2007

Pobladores de Formosa Oeste.

En Europa la GM I llegaba a su fin. La firma del Tratado de Versailles daba paso a la ansiada paz y la reconstrucción de las ciudades destruidas, los campos devastados, las industrias diezmadas...
En la República Argentina, las tropas militares que culminaban la campaña del Chaco, iniciaban lentamente el retorno a sus cuarteles, dejando pequeñas guarniciones, algunas de las cuales devendrían en pequeños núcleos urbanos y finalmente avanzadas de desarrollo "a pulmón".

Los "criollos" nunca esperaron subsidios o prebendas ni otro aliciente de las autoridades. El esfuerzo y la decisión de vivir, fueron los propulsores de su desarrollo que, aunque algunos formoseños quizás ignoren, contribuyeron sustantivamente a posicionar -en algún momento- el Territorio Nacional de Formosa como 3er productor ganadero del país.

En la fotografía vemos un joven y novel productor ganadero a pocos años de dejar la milicia. Allí fortaleció el espíritu de trabajo aprendido en el hogar, fuente de su cultura y tradición, hoy en retroceso. También sufrieron, desde los primeros años de su arribo al Oeste de Formosa, la ausencia de escuelas, tema sobre el cual publicaremos una breve narración sobre los primeros maestros en el Oeste Formoseño.

Los "criollos", a través de los años, primero en sacrificados arreos de ganado en pié y después en trenes "hacienderos" del Ferrocarril Belgrano, trasladaron miles de cabezas de ganado vacunos a Salta, jujuy y Tucumán.

Creemos oportuno solicitar a los circunstanciales lectores, que en caso de disponer documentos, relatos u otra referencia sobre el tema, tome contacto al correo antareska92@yahoo.com.ar.


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viernes, 27 de julio de 2007

PIONEROS DEL OESTE FORMOSEÑO




Muerte en Nuevo Pilcomayo (11 de junio de 1911)

En los últimos años del Siglo XIX, por el Oeste de la Provincia de Formosa, se registra el “ingreso espontáneo” de hacendados salteños y santiagueños iniciando el poblamiento de esta parte del territorio argentino. Aunque los datos fidedignos no son de fácil obtención sabemos que grupos de familias oriundas del Norte de Santiago del Estero, iniciaron incursiones comerciales a Salta inicialmente. Ya Rivadavia contaba con un contingente militar del Regimiento 5 de Caballería de Salta que permitía a éstos pioneros atreverse a entrar a esos “chacos”.
En ésta zona del Chaco Salteño, amparados por la protección de la avanzada militar, se establecieron allí, formando familia y acrecentando sus modestos rebaños de ganado vacuno y sus cabras. Grupos de familias, después de comprobar la abundancia de buenas pasturas, se trasladaron a territorio formoseño, estableciéndose inicialmente en proximidades del paraje Nuevo Mundo o Mundo Nuevo, sobre la margen izquierda del Río Bermejo. Otros núcleos no menos importantes se establecieron en la zona de Nuevo Pilcomayo, sobre el Río Pilcomayo, frente a lo que entonces era territorio boliviano.
Estas referencias exponen los acontecimientos, recibidos del aporte documental y de la tradición oral, con el fin único y manifiesto de llevar al conocimiento general, el sacrificio, las penurias y la decisión firme de poblar territorios vírgenes en los que vislumbraban un futuro mejor, éstos “chaqueños”, éstos “criollos” que iniciaron el poblamiento del Oeste Formoseño.
Ellos llevaban su cultura, sus tradiciones, su vestimenta, su lenguaje, sus comidas, sus fiestas…En fin, eran portadores de algo mas que vacas, chivos y caballos.
Ya hemos entregado una primera nota sobre la colonización de Domingo Astrada, autorizado por decreto del Superior Gobierno de la Nación Argentina, en la zona de Buena Ventura. Ya continuaremos y completaremos ésta empresa.
Hemos integrado unos relatos de militares expedicionarios en los primeros años del Siglo XX y de pobladores que, niños y adolescentes aún, fueron testigos directos de éstos acontecimientos.
1911 fue un año de temperaturas extremadamente bajas para esas latitudes. Corría el mes de junio, las líneas de fortines desarrollaban una vigilancia permanente de aquellos parajes, cuando una niña con el vestido rotoso de transitar por sendas y caminos , procedente de la costa del Pilcomayo arribó a un caserío sobre el Río Bermejo; sin superar su estado de schock y un incontenido llanto, con voz temblorosa y con palabras entrecortadas contó el espanto que había vivido en el paraje donde hasta hacía pocos días vivía con su familia.
Una turba enardecida de indios, un malón, había llegado como un huracán destruyendo y matando hombres, mujeres y niños e incendiando las viviendas de “enchorizado” y techo de paja. Eran varias familias que tenían sus viviendas, distantes aproximadamente un kilómetro unas de otras.
Los indios chunupíes sorprendieron durante una madrugada a todos los pobladores, que sumaban casi 30 personas entre hombres, mujeres y niños, siendo alevosamente asesinados. Algunos recuerdan con horror que los niños eran azotados contra postes y horcones, escapando milagrosamente un niño y una niña que circunstancialmente se hallaban fueran de su casa.
Consumado el hecho, los chunupíes se alejaron del lugar, arreando alrededor de 1000 vacas, 600 ovejas y cabras y un número indeterminado de caballos.
El Subteniente Dardo Ferreyra, cordobés, baqueano, diestro en el manejo del caballo, querido y respetado por los pobladores, no dudó. Mientras envió un chasqui a informar a sus superiores, inmediatamente se puso en marcha con 25 soldados para perseguir a los atacantes y recuperar el producto del robo.
El Teniente 1ro Benjamín Menéndez, juzgando que no debía perder tiempo, en el lugar denominado Pozo de Fierro (Hoy zona de Laguna Yema), asiento del Comando del Regimiento 5 de Caballería y donde existía una casa de ramos generales, ordenó que los soldados cargaran vituallas para diez a quince días (azúcar, yerba, arroz, sal, cigarrillos).
Puestos en marcha, a las veinticuatro horas alcanzaron Nuevo Pilcomayo. Allí encontraron a un grupo de pobladores “criollos”, parientes de los muertos, que pusieron al Teniente 1ro Menéndez al tanto de lo acaecido. De las poblaciones y pequeñas instalaciones de las cuatro familias asesinadas solo quedaba el rastro de las depredaciones de los indios, que habían pasado a la margen opuesta del Pilcomayo con todo el ganado que pudieron reunir.
Desde allí Menéndez envió una patrulla al mando del Sargento 1ro José N. Rodriguez, para tomar contacto con militares bolivianos basados en el Fortin Esteros, decisión adoptada al cabo de una consulta a don Lucio Palomo, respetado poblador de Nuevo Mundo que con otros criollos acompañaba la comitiva militar argentina. Es justo homenaje recordar los nombres de quienes acompañaban allí a Benjamín Menéndez, aquel atardecer del 11 de junio de 1911: Subteniente Dardo Ferreyra, Sargento 1ro José N. Rodriguez, Cabo Angel Herrera, 25 soldados cuyos nombres no hemos podido obtener, don Juan Manuel Ruíz que oficiaba de comisario de policía y 15 pobladores, entre ellos los hermanos Cayetano y Arturo Argañaráz, Lucio Palomo y sus sobrinos Leonides Palomo y Marcelino Palomo. Además de los siguientes militares bolivianos que con mucha decisión quisieron integrar el contingente: 1 Teniente 1ro, 2 sargentos y 12 conscriptos del Regimiento 2 de Caballería (Tarija).
El día 14 de junio de 1911 en horas de la tarde tomaron contacto visual con el ganado y sigilosamente contabilizaron la viviendas e indios que se hallaban en la toldería. En la madrugada del día siguiente pudieron acercarse por sorpresa, haciendo que huyeran al monte espeso. Siguieron casi cinco horas de cruento intercambio de disparos pues los indios se reagruparon y contratacaron con fuego de carabinas, winchester y remington.
Los criollos mejor montados rodearon la hacienda recuperada e iniciaron el regreso con el ganado recuperado a Nuevo Pilcomayo.

martes, 24 de julio de 2007

Expedición al Pilcomayo - Fragmento

Amigos lectores:

Reproducimos un fragmento del libro "EXPEDICION AL PILCOMAYO", de Domingo Astrada, del que poseemos una fotocopia de dificil lectura.

Sucesívamente incluiremos otros pasajes de ésta obra testimonial, que nos permitirá conocer, aunquesea parcialmente, pasajes del poblamiento del oeste de la actual Provincia de Formosa.

Estos primeros pobladores -hay muchos otros además de los citados por Astrada- fueron pioneros que cabalgaron con familia, ganado, enseres, esperanza... y la decisión firme de trabajr "a destajo" en un escenario hostil, dificil, cargado de penurias.

Recordarlos es apenas un pequeño aporte al reconocimiento que les adeudamos. la hazaña que cumplieron es casi desconocida y, peor aún..., ignorada, olvidada.






Expedición al Pilcomayo – Fundación de una Colonia Pastoril



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El decreto de esta concesión dice así:
"Buenos Aires, enero 24 de 1902- Vista la solicitud de don Domingo Astrada en representación de un grupo de familias argentinas, en la que pide la formación de una colonia, de acuerdo con la ley de 2 de octubre de 1884 en el territorio de Formosa, y considerando: Que la radicación de familias al amparo de las disposiciones de la ley del Hogar fomentará el progreso de ese territorio; Que si bien el P.E. por resolución de noviembre 25 de 1901 no hizo lugar a lo solicitado por el señor Astrada, el fundamento de esa resolución fue la carencia de fondos para sufragar los gastos que demandaría la subdivisión de los lotes; Que el recurrente ha manifestado hacer por su cuenta la división del terrno y por lo tanto la creación de la colonia no demandará gasto alguno al P.E. Por estas consideraciones y atento a lo informado por la Dirección de Tierras y Colonias, El Presidente de la República,
DECRETA
Art. 1º- Destínase una extensión de 20 leguas cuadradas en el territorio de Formosa, parajes denominados “El Chorro” y “Buena Ventura” para la fundación de una colonia pastoril, de acuerdo con la ley de 2 de Octubre de 1884.
Art. 2º-El señor Domingo Astrada queda obligado a practicar por su cuenta la subdivisión provisoria de esa superficie, debiendo sujetarse para ello a las instrucciones que le expedirá la Dirección de Tierras y Colonias.
Art. 3º- Autorizase al señor Domingo Astrada para que, en representación del Poder Ejecutivo, ponga en posesión de los lotes de dicha colonia a los ciudadanos argentinos que se encuentren en las condiciones determinadas por la ley del Hogar, debiendo dar cuenta a la Dirección de Tierras y Colonias.
Art. 4º-Comuníquese, publíquese, dése al Registro Nacional y vuelva éste expediente a la Dirección de Tierras y Colonias a sus efectos . ROCA - H. Escalante – Es copia fiel del original"



Este decreto llegó a mi poder (dice Domingo Astrada en su libro “Expedición Al Pilcomayo”) el
24 de febrero, un mes después. Y este detalle para que se vea con qué prontitud fue fundada la colonia, no obstante la multiplicidad del trabajo y las diversas dificultades de otra índole que hubo que combatir y vencer como se verá más adelante, todo lo cual debe atribuirse a la decisión y buena voluntad de aquellas gentes para llevar a cabo la empresa.
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Dí aviso a los interesados del decreto del superior gobierno, y aunque las distancias no favorecían la rápida comunicación, el 31 de marzo se reunieron en número suficiente, y para dejar esa constancia de la resolución que habían uniformado, levantando el acta que a continuación transcribo:
Nos, los abajo firmados, reunidos en Resistencia, jurisdicción de la Provincia de Salta, á los treinta y un días del mes de marzo de mil novecientos dos, hemos acordado lo siguiente: Que es nuestro propósito poblar la zona acordada por el superior gobierno nacional al señor Domingo Astrada, denominada Buena Ventura; Que ésta voluntad es expontánea y lo será con nuestros bienes e intereses; Que para lograr ese objeto hay que trabajar un callejón cuya anchura sea de siete a diez metros desde éste lugar a la salida de los campos conocidos por “El Chorro”; Que hay necesidad de proceder al nombramiento de comisiones para la apertura del camino así como para explorar la parte á poblarse, quedando resuelto que serán dos comisiones para lo primero, compuesta de tres personas cada una, las que dirigirán personalmente los trabajos manejando los fondos destinados á ese objeto y comprometidos a rendir cuenta detallada de su inversión entrando en éstos gastos lo que haya que abonarse al baqueano que conducirá a la comisión exploradora. Los miembros de las comisiones camineras serán don Ascensio Moreno, don Trifón Quintana y don José León Galván para la parte comprendida entre “Suri Pintado” y los campos de “El Chorro”, y don Elías Frías, don José Ceballos y don José Santos Conchas para la parte comprendida entre “Resistencia” y “Suri Pintado”. Que nos comprometemos a contribuir proporcionalmente con nuestra cuota, ya sea en animales ó en efectivo para sufragar los gastos que se originen en estos trabajos.
Acordamos igualmente y por unanimidad, en vista de los esfuerzos hechos por el sr. Domingo Astrada en bien de estos vecindarios, reconocer a éste señor ahora y en lo sucesivo como persona dirigente de todo trabajo así como de toda iniciativa, demostrándole con esto la confianza y estima que se le tiene y lo acreedor que se ha hecho a nuestro reconocimiento. Que nos obligamos moral y materialmente a cumplir en un todo lo acordado en la presente reunión, firmando este ejemplar para mayor constancia


Petronilo Chavez Tadeo Herrera Victorino Gomez
Bartolomé Orquera Tomás Ponce Sandalio Moyano
Cirilo Aparicio Alejo Díaz Trifón Quintana
Antonio Argamonte León A. Galván Francisco Herrera
Agustín Páez Marcelino Moreno Federico Madrid
Pedro Matorras Rosario C. de Madrid Francisco Díaz
Marcelino Torres Eusebio Páez Timoteo Páez

Juan Soraire Claudio Cejas Marco Páez
Felipa R. de Velarde Gregoria S. de Conchas Manuel A. Anaquín
Félix Ceballos Mendoza Eduardo Vera y Farías Manuel A. Cejas
José M. Páez Pedro A. Pérez Pedro A. Pérez
Pantaleón Torres José Ceballos Francisco Ceballos
Juan F. Frías Elías Frías Enrique Geambonini
Eulogio Arias Ricardo Frías J. Ulises Casarini
Francisco Cabrera Eusebio Rojas Ildefonso Cejas
Aurora Rojas Esperidión Palomo José R. Albornóz
Ramón Albornóz Fanriciano Castellanos Dámaso Conchas
Nicanor Santillán Jesús Matorras Félix A. Moreno
Deogracia D. de Rojas Agustín Pinto Francisco Gutierrez
Vicente Orquera José S. Acevedo Salvador Acevedo
Dionisio Dominguez José A. Caravajal Eusebio Quintana
Guillermo A. Moreno Abertuno Caravajal Santiago Vañagasta
Sandalio Cigarán N. Bacaflor Balbina Alarcón
Audelino Salto Hermógenes Argamonte
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miércoles, 11 de julio de 2007

Memoria, respeto y admiración a nuestros mayores

Con éste primer mensaje nos presentamos a los amigos que de alguna forma lleguen al blog.
La Provincia de Formosa presenta tres zonas diferenciadas en la composición de la población, en sus usos y costumbres, en el acento y en otros elementos distintivos de cada grupo humano pionero.
El Este, en la capital provincial. Allí es claro y fuerte la impronta guaraní, de orígen paraguayo.
El Centro provincial es un área de transición y el Oeste, hasta el límite con Salta, con cabecera en Las Lomitas, es la parte del territorio donde llegaron, se establecieron y enfrentaron las adversas condiciones de supervivencia. Allí no podían confiar mas que en su propio esfuerzo pués el estado reinaba por su mas absoluta ausencia, excepto en la presencia de alguna modesta autoridad policial y militares del "Ejército de Línea".
Trataremos de difundir en ésta página todo lo que se relacione con ésta verdadera epopeya.